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El duelo entre el inversor y el especulador en el mercado de las finanzas

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El mercado de las finanzas tiene muchos participantes, entre ellos los inversores y los especuladores. El inversor busca en las empresas la calidad de la gestión. El especulador trata de anticipar lo que harán sus rivales. La diferencia entre ambos la ilustra el siguiente juego.

Una competición financiera

El juego propone a los contendientes que escojan un número entero entre 0 y 100. Gana quien más se aproxime al 80% de la media de todas las apuestas. Por ejemplo, si esa media resulta ser 50 (una respuesta precipitada) gana quien más se acerque a 40. Pero quien considere que el resto de los jugadores obrará racionalmente irá rebajando su puja en un proceso cabal hasta concluir que lo correcto es decir cero. Sin embargo, esta opción rara vez sale vencedora. La razón es que unos no deciden racionalmente y otros temen hacerlo porque piensan que habrá quien se quede half way. En la primera partida la opción triunfadora no será la más juiciosa. Ganará el más perspicaz en percibir mejor la inteligencia y la psicología de sus contendientes. Pero a la larga se impondrá lo razonable.

El concurso de belleza de Keynes

En el campo de las finanzas el especulador no decide por su percepción del valor, sino por la que cree que seguirá el resto de los agentes del mercado. Su criterio no es la estricta racionalidad inversora, sino adivinar lo que harán los demás. Para vencer en el concurso de Keynes no hay que votar a quien se considere más bella, sino a quien se piensa que votarán los otros. Pero el inversor apuesta a que acabará triunfando su apreciación sobre la calidad de la inversión. En el juego antes descrito el inversor confía en que finalmente ganará el cero.

El dilema de para quién debe crear valor la empresa

¿Para el inversor, que mantiene a largo plazo su apuesta y busca la empresa bien gestionada o para el especulador, que entra y sale del título y obtiene el rendimiento por el comportamiento sesgado del mercado? La empresa debe tener claro para quién debe crear valor pues es frecuente que los intereses del inversor y el especulador se enfrenten. Lo sostenible es crear valor para el accionista con voluntad de permanencia, que la apoya y da estabilidad. La volatilidad del especulador debe relegarse porque el beneficio lo obtiene, con frecuencia, por causas ajenas a la gestión. Por ejemplo, con rumores o fake news o al aprovechar indebidamente la información privilegiada en las OPAS y su confianza en no ser investigado. Mientras el inversor apuesta por la capacidad de la empresa para crear riqueza duradera, el especulador va a la caza de la riqueza oportunista o incluso de la ajena.  

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